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Archive for the ‘“Empatía”’ Category

Contra la empatía (de Miguel Ángel Quintana Paz)

 

“¡Sed empáticos!”. Podríamos decir que esa frase resume casi toda la ética que según muchos nos basta para campar hoy por la vida. “¡Sé empático!”. Es decir: siente como tuyos (o, bueno, solo un poquito menos que si fueran tuyos) los sufrimientos de toda la gente que veas que lo pasa mal (o incluso de los animalitos que lo pasan mal: bien sea porque los tengamos en granjas para nuestro provecho, bien sea porque los mantengamos encerrados en apartamentos de 40 metros cuadrados, mientras que ellos ansiarían -¡bastaría preguntarles!- corretear por el campo en libertad). “¡Sed empáticos!”: eso es lo que más importa, que ante el dolor dejes claro que a ti también te duele (pon un hashtag apropiado en tu Twitter; quédate sin dormir esa noche y comenta exhaustivamente al insomnio a tus amistades de Facebook; si han inventado un lacito alusivo, corre a la mercería, busca una cinta de ese color y exhíbelo). “¡Sé empático!”. Llora incluso si gracias a Barack Obama o a Pablo Iglesias has aprendido a hacerlo en las circunstancias apropiadas; antes la política consistía en algo tan prosaico como intentar resolver los problemas del país: hoy más te vale (o quizá te vale) con que publicites, como político, lo mucho que te acongojan esos problemas.

 

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Consecuencias de la Inteligencia Emocional

17/06/2014 1 comentario

Luego no me digan que no lo advertí lo suficiente. La Inteligencia (M)Emocional es una estrategia para convertir al ser humano…

 

 

Si quieren más pruebas de las que ya les he dado, no dejen de leer esto.

Qué queremos decir cuando decimos empatía?

Epi y Blas - Más Allá de la FormaciónSupongo que con la lección de Epi y Blas y el resto de entradas de la sección “Empatía” se entiende bastante bien que en realidad nadie, nunca, en modo alguno, siente empatía, sino afectos a través de ella: sentimientos, emociones, pasiones e instintos. De modo que deberíamos borrar la palabra de nuestro diccionario del perfecto guay o, al menos, utilizarla conscientemente, cuando realmente procede, que es casi nunca.

¿Qué es entonces lo que queremos decir cuando utilizamos el concepto empatía, el verbo empatizar y los adjetivos empático e inempático?

La respuesta es sencilla. Cuando otra persona utiliza en una conversación esos términos, lo que nos está diciendo en primer lugar es que pertenece a una suerte de élite humana que entiende el fuzzword y posee esa habilidad. Es algo muy comùn en el mundo de la formación empresarial, el yoga, el coaching, el mindfulness, el zen, las artes marciales, y en general, cualquier partidario del tribalismo oriental. Lamentablemente también la neurociencia últimamente. Cualquiera se opone a la corriente ¡¡si lo dice hasta Punset, que es el tío que más sabe sobre la mente en el mundo!!

En segundo lugar, lo que nos quieren decir, cuando las conversaciones pasan al nivel de disputas, es que el interpelado sufre alguna carencia que le incapacita para poseer la razón. Y consecuentemente, el primero que dispara la perdigonada es el que gana. Además es tan sencillo que cualquier persona puede usarlo, independientemente de su nivel académico o si ha demostrado o no alguna habilidad especial en la vida, no es necesario que apuntar con miras láser ni nada, como con las armas de destrucción masiva de vidas humanas: se sueltan y listo. Victoria casi segura.

Pero hay más. En el tercer lugar hay algo muy importante.

 

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Barrio Sésamo: La empatía no se siente, nadie siente ni puede sentir empatía.

11/08/2013 10 comentarios

No, señores, la empatía no se siente ni se puede sentir, igual que usted no puede sentir su digestión o su vista. Cualquiera de nosotros podemos sentir los ojos, que son el órgano de la vista, o los intestinos, el estómago y el duodeno, que son órganos de la digestión, pero no la digestión misma.

Esto viene a colación de un artículo que no pienso enlazar por tóxico, como la inmensa mayoría de los que hablan del asunto dichoso de la empatía. Digo inmensa mayoría porque hay excepciones, como la que representa la entrevista a Fernando R. Genovés autor del libro “La ilusión de la empatía”, un verdadero oasis en este insoportable desierto de la ignorancia.

Hace tiempo repetía la frase que leí por ahí: “Se venden tantos libros de autoayuda porque ninguno sirve para nada”, y hoy me he encontrado un par de artículos que alertan sobre la psiquiatrización de la sociedad, víctima de la misma pandemia new age, en los que puede comprobarse por medio de impactantes estadísticas que, en España:

 

“La prescripción de antidepresivos se ha incrementado en un 116% entre 1996 y 2001. El gasto farmacéutico en antidepresivos se ha incrementado en el mismo periodo en un 160%. El número de incapacidades laborales transitorias por cada 1.000 habitantes por causa psiquiátrica se ha incrementado en este periodo en un 187,5% y el número de días de incapacidad ha aumentado en un 197%”

 

No es de extrañar con el panorama que vivimos, con una significativa parte de la sociedad adicta al paping y otras monsergas similares que se aprovechan de la infelicidad causada únicamente por la desorientación en la mayor parte de los casos, desorientación a la que contribuyen decisivamente con esa manía de hacer de sacerdote new age de todo punsetillo que se precie.

El caso de la empatía, de la que tanto hemos hablado (haga clic en “Empatía” en la columna de la derecha, en ‘Secciones’), es un desorientador similar más, que algunos que poseen los mismos escrúpulos que idea de lo que hablan, se dedican a divulgar para cobrarles después a ustedes por sus guays e infalibles servicios restablecedores de la sana empatía, como es lógico y normal.

Veamos, explicado por Blas a Epi, cómo el asunto de la empatía ha conseguido también seguramente contaminar su mente.

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Confusiones típicas al hablar de Inteligencia (M)emocional y “Empatía”

19/07/2013 18 comentarios

Sigo alucinando, cada día más. Los virus de la inteligencia (m)emocional y la empatía siguen contagiando a mentes nada mediocres, desde políticos transnacionales pasando por camareras de restaurante hasta llegar a obispos católicos, que han sucumbido al recesivo mainstream dominante hasta el punto de confundir caridad con solidaridad y empatía, los mantras del catecismo buenista que nos rodea, como Mátrix, sin casi posibilidad de escape, visto lo visto.

Al respecto, recientemente, mantuve una agradable y divertida ‘discusión’ en twitter con un mozo (iba a decir joven, pero yo también lo soy, aunque le doble en edad) en la que se manifestaron las frecuentes confusiones que padece la inmensa mayoría de los mortales (a ver si al final el confundido voy a ser yo, jejeje) incluyendo presuntos expertos y cajeras del Mercadona. Con las lógicas limitaciones de twitterworld, mi amigo virtual venía a resaltar las bondades de esta corriente, yo andaba fuera de casa y le contesté por el hootsuite desde el móvil mientras atenuaba los rigores estivales con un té con hielo en una terracita, así que fui breve.

La razón es lo que nos distingue de los animales, es lo que hay que potenciar. –Le dije. Y él, condicionado por la misma limitación del medio, me contestó: –El ser humano (lógicamente me incluyo) es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello.

¿Se han dado cuenta? Si no, sigan leyendo. Por cierto, la imagen de al lado no es una alusión a mi simpático amigo, en absoluto, sólo me pareció graciosa y ad hoc.

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Cartas a Paula. La mente (temas menores). El "cerebro estomacal". La ciencia también está contaminada.

Hoy te voy a hablar de un tema menor, pero importante. Sí, hija, bajo la protección del elevado palio de La Ciencia se hacen y dicen muchas sandeces. Luego los científicos ponen el grito en el cielo porque no tienen fondos o porque les reducen las ayudas públicas -las que pagamos todos, queramos o no- para eso que llaman investigar, que, como el trabajo, normalmente no es más que un juego… de mayores, por el que te pagan. Lo que ocurre es que algunos jueguecitos producen cosas útiles, otros son sólo jueguecitos.

Como me has dado plantón -bien justificado- para comer juntos hoy, he estado en el Vips ojeando algunas revistas para hacerme compañía mientras comía en el restaurante habitual. Cada día me gusta más comer solo por ahí, algo que antes no podía soportar; es lo que tiene haber conseguido estar a gusto piel adentro, con uno mismo. Y hete aquí que, después de comprobar que en las de coches no había nada que me interesase -al final, mejor leer algo intrascendente que te guste y no sea dañino para mi ñoño duodeno que leer bobadas, como me pasa con el fútbol, las motos y la F1, que es casi lo único que veo en TV-, he cogido esperanzado una nueva de Mente y Cerebro, a la que en tiempos estuve gustosamente suscrito y que hoy no dice más que bobadas no ya inútiles, sino perjudiciales para el sentido común. ¡Qué bajón!. ¡Y yo que esperaba presumir de intelectual con pinta de sicario malote -como dicen tus amigos-paseando con la revista en la mano! El anterior número era igualmente un desperdicio de árboles, despiadadamente talados para nada, y tampoco lo compré. Mejor hubiese sido destinarlos a papel higiénico. Al final me he comprado el periódico que hoy estrenaba formato, a ver qué tal, y me ha gustado. Ya sabes, La Gaceta, que no voy a esconder que lo leo sino todo lo contrario, igual que no escondo sino todo lo contrario que me he pasado veinte años leyendo El País. Rectificar es de sabios, aunque mis limitaciones no me permitan llegar a tanto.

A lo que te iba: o la revista era un número atrasado reutilizado a causa de la crisis o disertaban otra vez de esa suerte de cerebro estomacal, intestinal o lo que sea, del que ya hemos hablado alguna vez tú y yo, como cuando te hablé del corazón. No daba crédito, Mente y Cerebro, filial de Investigación y Ciencia, se ha convertido en una Psychologies o una Redes cualesquiera. Vamos, como el Diez Minutos pero en intelectual. Fíjate, argumentaban en el artículo que eso que llaman cerebro visceral es sin ningún género de dudas una especie de extensión del cerebro. Sí, sí, del de la cabeza, y lo es porque resulta que tiene una salvajada de conexiones neurales, especie de cuerpo calloso que conecta cabeza y ombligo. Si no me lo hubiera esperado habría comprado en el mismo Vips un abrecartas para cortarme las venas allí mismo, pero como no era la primera vez que leía semejante disparate y temía que relacionasen mi inexplicable suicidio con el deshaucio de la que fue mi casa -que tampoco es para tanto pero urge una reforma legislativa en profundidad, y en ello están-, me he limitado a mirar las ilustraciones y sus pies de foto con la esperanza que siempre se cumple de encontrarme la inevitable sandez de manual con la que generar el suficiente ácido clorhídrico para destrozarme la mucosa gástrica. Masoca que es uno.

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Estoy hasta los mismísimos del rollo de la empatía

11/09/2012 10 comentarios

Me van a perdonar por el exabrupto, pero ya no puedo más con tanta memez, estoy harto. Tal es mi hartazgo que disertaré sobre la empatía al más puro estilo Pérez-Reverte, con pocos tapujos o ninguno. Después de que Juan Manuel de Prada cayera en la trampa que nos tiende el mainstream dominante de la recesiva inteligencia (m)emocional generada por los de siempre, de los del pensamiento único… muere triste y prematuramente mi amigo y maestro (A él no le gustaba que le llamaran profesor porque le recordaba a un político italiano, comunista, creo. A mí no me gusta llamar maestro a nadie pero con él hago una excepción) Horacio Vázquez Rial, y todo pichichi se lía a mencionar su empatía entre los rasgos a destacar de su personalidad. Mi admirada Cristina Losada cae también en el mismo cenagal Y para rematar la faena, mi también amiga María Blanco, tuitea que el primer ministro finlandés, Katainen, dice que siente empatía y simpatía por el gobierno español. Menos mal que me aclara que ella no ha dicho nada, que ella simplemente reproduce lo que ha dicho él. Ya estaba yo preparando el cuchillo para cortarme las venas.

 

 

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