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Archive for the ‘Inteligencia (M)Emocional’ Category

La Inteligencia Emocional: peligroso troyano cerebral

troyano - Más Allá de la FormaciónEs complicado dar con un argumento definitivo para desmontar la aberración que constituye el movimiento new age de la Inteligencia Emocional para tratar de atenuar o anular sus nefastas consecuencias. Tiene tantos fallos, por no decir que prácticamente ningún acierto –aunque es cierto que incluso Stalin hizo algo bueno en su vida, lo que no resta un ápice de gravedad al resto de ella– que es difícil desmontarla sometiéndola a la afilada Navaja de Occam apelando a su flagrante contradicción intrínseca: el hecho de constituir un perfecto ejemplo de oxímoron. A más de dos expertos del sector esto no les dirá absolutamente nada, y así va el mundo.

Oxímoron es una palabra derivada del griego oxys (agudo, fino) y moros (desafilado, estúpido) y que se refiere a una combinación de palabras con significado opuesto. La misma palabra, como hemos visto, es un ejemplo de su significado. Con Inteligencia Emocional ocurre otro tanto. La inteligencia es una cualidad expresamente humana, la única que nos define como seres superiores, consistente en la capacidad de pensar adecuadamente, con todas las consecuencias evolutivas que ello implica. Sin embargo, las emociones, automatismos primarios, vienen tal cual de serie, no se modifican sino cuantitativamente a través del control de la razón inteligente o el paso del tiempo y no son exclusivos de la especie humana, sino que las compartimos hasta con los insectos. No es, por tanto, poseer emociones lo que nos define como cumbre de La Creación (dicho en términos de Diseño Inteligente, no creacionistas), sino lo que nos asimila al resto de especies.

Causualmente, y causualmente en el mismo orden –o producto de ese mismo diseño–, ‘inteligencia’ se corresponde con el oxys, lo agudo y fino, mientras ‘emoción’ lo hace con el moros, lo desafilado y estúpido; la parte de persona y la parte animal que todos poseemos, respectivamente. Por lo tanto nos encontramos con un imposible: lo agudo no puede ser desafilado a la vez, ni lo estúpido de fino o agudo intelecto. Las razones de la conversión de este despropósito no sólo lingüístico en dogma de fe son principalmente el afán revanchista de los sans culottes modernos con respecto a las élites intelectuales que acaparan el poder mundial –por supuesto inmerecidamente– y el mismo afán del hembrismo, esa curiosa tendencia a convertir a los varones en mujeres y a las mujeres en varones con la excusa fácil de la igualdad a secas, otra de las fatales aberraciones físicas en que incurren los humanos nopensantes, aquellos que sólo repiten lo que les suena bonito sobre todo si satisface sus ansias de revancha. Pero no se olviden de las cosmovisiones recesivas, las pseudorreligiones generadoras de atraso, cuyos apóstoles tratan de convertirnos a sus tan saludables morales (costumbres, O tempora, o mores).

Y, como decía al principio, aunque es complicado encontrar el argumento definitivo, como la mentira tiene las patas muy cortas, en ocasiones uno se encuentra con que la Providencia le regala alguno especialmente llamativo, tal es el caso que nos ocupará las próximas líneas. Les advierto que se trata realmente de una obra maestra en la que se ha dejado poco al azar. Puestos en plan conspiranoico parece obra de la potencia financiera de los servicios secretos de alguna nación poco amigable que busca terminar de destruir la civilización para dominar el mundo, pero como finalmente verán, no es el caso.

 

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Consecuencias de la Inteligencia Emocional

Luego no me digan que no lo advertí lo suficiente. La Inteligencia (M)Emocional es una estrategia para convertir al ser humano…

 

 

Si quieren más pruebas de las que ya les he dado, no dejen de leer esto.

Barrio Sésamo: La empatía no se siente, nadie siente ni puede sentir empatía.

No, señores, la empatía no se siente ni se puede sentir, igual que usted no puede sentir su digestión o su vista. Cualquiera de nosotros podemos sentir los ojos, que son el órgano de la vista, o los intestinos, el estómago y el duodeno, que son órganos de la digestión, pero no la digestión misma.

Esto viene a colación de un artículo que no pienso enlazar por tóxico, como la inmensa mayoría de los que hablan del asunto dichoso de la empatía. Digo inmensa mayoría porque hay excepciones, como la que representa la entrevista a Fernando R. Genovés autor del libro “La ilusión de la empatía”, un verdadero oasis en este insoportable desierto de la ignorancia.

Hace tiempo repetía la frase que leí por ahí: “Se venden tantos libros de autoayuda porque ninguno sirve para nada”, y hoy me he encontrado un par de artículos que alertan sobre la psiquiatrización de la sociedad, víctima de la misma pandemia new age, en los que puede comprobarse por medio de impactantes estadísticas que, en España:

 

“La prescripción de antidepresivos se ha incrementado en un 116% entre 1996 y 2001. El gasto farmacéutico en antidepresivos se ha incrementado en el mismo periodo en un 160%. El número de incapacidades laborales transitorias por cada 1.000 habitantes por causa psiquiátrica se ha incrementado en este periodo en un 187,5% y el número de días de incapacidad ha aumentado en un 197%”

 

No es de extrañar con el panorama que vivimos, con una significativa parte de la sociedad adicta al paping y otras monsergas similares que se aprovechan de la infelicidad causada únicamente por la desorientación en la mayor parte de los casos, desorientación a la que contribuyen decisivamente con esa manía de hacer de sacerdote new age de todo punsetillo que se precie.

El caso de la empatía, de la que tanto hemos hablado (haga clic en “Empatía” en la columna de la derecha, en ‘Secciones’), es un desorientador similar más, que algunos que poseen los mismos escrúpulos que idea de lo que hablan, se dedican a divulgar para cobrarles después a ustedes por sus guays e infalibles servicios restablecedores de la sana empatía, como es lógico y normal.

Veamos, explicado por Blas a Epi, cómo el asunto de la empatía ha conseguido también seguramente contaminar su mente.

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Confusiones típicas al hablar de Inteligencia (M)emocional y “Empatía”

Sigo alucinando, cada día más. Los virus de la inteligencia (m)emocional y la empatía siguen contagiando a mentes nada mediocres, desde políticos transnacionales pasando por camareras de restaurante hasta llegar a obispos católicos, que han sucumbido al recesivo mainstream dominante hasta el punto de confundir caridad con solidaridad y empatía, los mantras del catecismo buenista que nos rodea, como Mátrix, sin casi posibilidad de escape, visto lo visto.

Al respecto, recientemente, mantuve una agradable y divertida ‘discusión’ en twitter con un mozo (iba a decir joven, pero yo también lo soy, aunque le doble en edad) en la que se manifestaron las frecuentes confusiones que padece la inmensa mayoría de los mortales (a ver si al final el confundido voy a ser yo, jejeje) incluyendo presuntos expertos y cajeras del Mercadona. Con las lógicas limitaciones de twitterworld, mi amigo virtual venía a resaltar las bondades de esta corriente, yo andaba fuera de casa y le contesté por el hootsuite desde el móvil mientras atenuaba los rigores estivales con un té con hielo en una terracita, así que fui breve.

La razón es lo que nos distingue de los animales, es lo que hay que potenciar. –Le dije. Y él, condicionado por la misma limitación del medio, me contestó: –El ser humano (lógicamente me incluyo) es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello.

¿Se han dado cuenta? Si no, sigan leyendo. Por cierto, la imagen de al lado no es una alusión a mi simpático amigo, en absoluto, sólo me pareció graciosa y ad hoc.

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Mónica Esgueva, nueva fantasma cazada entre sus “tres pilares de la felicidad”

Esta condescendiente señorita @monicaesgueva que parece que acaba de ponerse de largo y ya va dando lecciones de vida a los demás no merece mucho más que les enlace la entrevista que le han hecho en periodistadigital.com con motivo de la publicación de su libro por la editorial Planeta y deje a su inteligencia descubrir la sarta de barbaridades que se atreve –la ignorancia es muy osada– a proferir.

Pero para que no piensen que me puede la pereza, que casi casi sí, les resumo las barbaridades de la criatura.

· Antes no sabíamos que existía la inteligencia emocional. No es que no lo supiéramos, niña, es que de hecho no existe. Y, siento desilusionarte, los Reyes Magos son los padres.

· Ahora sabemos que el 80 por ciento del éxito de las personas depende de nuestras acciones, capacidades y recursos emocionales. Ya, que te has aprendido de memorieta el manual del perfecto zoquete de Goleman está claro, pero de ahí a que lo que dices tenga la más mínima relación con la realidad, media un océano. Podrías dedicarte a escribir guiones de ciencia ficción, eso sí.

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Cartas a Paula. La mente (temas menores). El "cerebro estomacal". La ciencia también está contaminada.

Hoy te voy a hablar de un tema menor, pero importante. Sí, hija, bajo la protección del elevado palio de La Ciencia se hacen y dicen muchas sandeces. Luego los científicos ponen el grito en el cielo porque no tienen fondos o porque les reducen las ayudas públicas -las que pagamos todos, queramos o no- para eso que llaman investigar, que, como el trabajo, normalmente no es más que un juego… de mayores, por el que te pagan. Lo que ocurre es que algunos jueguecitos producen cosas útiles, otros son sólo jueguecitos.

Como me has dado plantón -bien justificado- para comer juntos hoy, he estado en el Vips ojeando algunas revistas para hacerme compañía mientras comía en el restaurante habitual. Cada día me gusta más comer solo por ahí, algo que antes no podía soportar; es lo que tiene haber conseguido estar a gusto piel adentro, con uno mismo. Y hete aquí que, después de comprobar que en las de coches no había nada que me interesase -al final, mejor leer algo intrascendente que te guste y no sea dañino para mi ñoño duodeno que leer bobadas, como me pasa con el fútbol, las motos y la F1, que es casi lo único que veo en TV-, he cogido esperanzado una nueva de Mente y Cerebro, a la que en tiempos estuve gustosamente suscrito y que hoy no dice más que bobadas no ya inútiles, sino perjudiciales para el sentido común. ¡Qué bajón!. ¡Y yo que esperaba presumir de intelectual con pinta de sicario malote -como dicen tus amigos-paseando con la revista en la mano! El anterior número era igualmente un desperdicio de árboles, despiadadamente talados para nada, y tampoco lo compré. Mejor hubiese sido destinarlos a papel higiénico. Al final me he comprado el periódico que hoy estrenaba formato, a ver qué tal, y me ha gustado. Ya sabes, La Gaceta, que no voy a esconder que lo leo sino todo lo contrario, igual que no escondo sino todo lo contrario que me he pasado veinte años leyendo El País. Rectificar es de sabios, aunque mis limitaciones no me permitan llegar a tanto.

A lo que te iba: o la revista era un número atrasado reutilizado a causa de la crisis o disertaban otra vez de esa suerte de cerebro estomacal, intestinal o lo que sea, del que ya hemos hablado alguna vez tú y yo, como cuando te hablé del corazón. No daba crédito, Mente y Cerebro, filial de Investigación y Ciencia, se ha convertido en una Psychologies o una Redes cualesquiera. Vamos, como el Diez Minutos pero en intelectual. Fíjate, argumentaban en el artículo que eso que llaman cerebro visceral es sin ningún género de dudas una especie de extensión del cerebro. Sí, sí, del de la cabeza, y lo es porque resulta que tiene una salvajada de conexiones neurales, especie de cuerpo calloso que conecta cabeza y ombligo. Si no me lo hubiera esperado habría comprado en el mismo Vips un abrecartas para cortarme las venas allí mismo, pero como no era la primera vez que leía semejante disparate y temía que relacionasen mi inexplicable suicidio con el deshaucio de la que fue mi casa -que tampoco es para tanto pero urge una reforma legislativa en profundidad, y en ello están-, me he limitado a mirar las ilustraciones y sus pies de foto con la esperanza que siempre se cumple de encontrarme la inevitable sandez de manual con la que generar el suficiente ácido clorhídrico para destrozarme la mucosa gástrica. Masoca que es uno.

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La inteligencia. La emocional no, eso no es inteligencia.

Michael Jackson - Más Allá de la FormaciónVoy a serles sincero, aunque me contenga un poco. Ya se imaginarán que no les voy a soltar el rollo patatero de la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner y sus seguidores, sobre todo ahora que se ha puesto sólidamente en cuestión, aunque este debate no es lo importante y al final les explicaré por qué; pero no voy a evitarlo porque yo esté enfadado con él porque haya posibilitado con sus opiniones el alumbramiento de ese retoño -de tal palo- llamado Inteligencia Emocional que tanto daño ha hecho al mundo y seguirá haciendo a menos que ustedes se unan a mi particular cruzada en la que, por cierto, me siento más solo que la una (a ver esa empatía).

El caso es que el otro día estaba yo charlando con unos conocidos de lo que charla la gente normalmente, pero como no podía ser de otra forma, salió el temita de la IE. Siempre sale últimamente, la gente tiene una necesidad urgente de sentirse guay, hasta hablando de los rodamientos del cigüeñal sale el tema.

Y yo, ya se imaginarán, me dispuse a aclarar a la interfecta -suelen ser interfectas normalmente, pero cada vez más híbridos blanditos que también- que eso de la IE es un oxímoron, un imposible metafísico, igual que no puede haber un negro blanco (y no me refiero al asunto de Michael Jackson, aunque también tiene la cosa lo que tiene Michael en la mano izquierda), un frío caliente ni una luz completamente oscura. Y además, de puro imposible, la IE, coherentemente, no existe (aunque más de un listo se ha forrado vendiendo esa nada, yo me compré uno del Goleman hace años, pero no entendí absolutamente nada, lo que me hizo suponer que, o bien yo era rematadamente idiota, posibilidad desde luego no desdeñable, o es que aquello era una patraña sin pies ni cabeza; que por aquello de la supervivencia del ego fue la opción por la que me incliné, pensará más de uno aliviado).

Entonces, como suele ser habitual, mi interlocutora empezó a recular y me soltó el típico rollo de esos que dan en los cursos personajes que no entienden en absoluto de lo que hablan, que darían un brazo por figurar de gurus aunque fuera en Sálvame de Luxe o algún otro programa de ésos para genios, el hígado por que le escucharan y aplaudieran. Y como en los cursos hay buen rollito, lagrimitas, abrazos, catarsis, aplausos, oídos para escucharle a uno sus miserias… obligatoriamente, es parte del truco… la gente va y se lo pasa muy bien, es toda una experiencia: y vuelven con que si la IE es aprender a descubrir y aceptar tus emociones y el blablablá de siempre que nunca es algo con un mínimo de coherencia argumental sino una ensaladilla de esperanzadoras genialidades que uno desea incorporar a su ya de por sí marcado carisma. O talante. Y tan feliz ella de saberse y evidenciar que es emocionalmente inteligente.

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