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Archive for the ‘Psicología’ Category

Visionarios. Previsiones para el año 2050

Acabo de leer un extracto de las entrevistas a varios personajes relevantes. Nos ofrecen interesantes visiones del futuro del ser humano, del cáncer y otras enfermedades, de la tecnología, de la medicina, la genética, la juventud perpetua, y otros asuntos muy interesantes que voy a analizar a continuación por si a alguien le sirve y para mis propias reflexiones, porque al fin y al cabo, esto de escribir un blog es como pensar con la ayuda de la tecnología, algo impensable antes de que Gutenberg inventara la imprenta.

A propósito de pensar con ayuda, hace unos años alguien me contó una cosas sorprendente: que la Confesión había constituido un hito en la evolución de la mente humana, pues había ayudado a las personas a disminuir su entropía cognitiva, a pensar con arreglo a un esquema lógico, de causas-efectos, como el coaching o la psicología de ahora pero en versión antigua. Lo dejaré así, en “antigua”, sin más atributos tampoco para los “modernos” psicología y coaching.

Pero las palabras reveladas en el confesionario se las lleva el viento a no ser que el proceso se entrene adecuadamente y con regularidad, cosa cada día menos frecuente, pero sin embargo lo escrito aquí queda para la posteridad y para que uno pueda revisarlo de vez en cuando, matizarlo, corregirlo, mejorarlo… y obliga a matizar, corregir, mejorar… el pensamiento del que surge lo escrito, porque se puede borrar y reescribir. Bueno, para ser ecuánimes, también puede servir para matizar y empeorar.

También lo vaticinado por estos personajes ha sido fruto de sus reflexiones, matizaciones… y mejoras/empeoramientos; y gracias a la tecnología, lo podemos analizar detalladamente a la búsqueda de aciertos y errores, de lo que puede realmente suceder y lo que no es probable que ocurra. Aunque pronto, muy pronto, las máquinas ayudarán a analizar mejor lo que cualquier persona piense y escriba, mejor que cualquier individuo o grupo humano. Pero como de momento no lo tenemos, vayamos al análisis de las previsiones de los famosos, así, a pelo. El año que viene ya dispondremos de la tecnología necesaria.

 

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Ciara Molina y la huelga de limpieza… emocional

Más de diez días de huelga del personal de limpieza que dejaron Madrid como un estercolero han servido para inspirar a Ciara Molina, la “Psicóloga Emocional” que todos habremos tenido la suerte o la desgracia de conocer a través de las frasecitas que nuestros amigos necesitados de aliento comparten en sus muros. Molina irrumpe en escena con su empresa de servicios, postulándose a sustituir a la contrata que ha traído de cabeza a la Ana Botella de nuestro cerebro, con unas estrategias de limpieza de basura emocional. En lugar del relaxing cup of café con leche, ofrece a la alcaldesa de nuestra mente una relaxing cup of rollito guay.

A priori resulta curioso que una psicóloga –se supone que científica aunque la psicología sea considerada una ciencia light, y más aún la polémica moda de la psicología positiva– afirme que decidió mostrar una cara de su profesión más amable y cercana –lo que sin ningún género de dudas es garantía de que todo lo que se haga bajo su palio es adaptativo– que intentase llegar al corazón de las personas.

O sea, que a pesar de sus esfuerzos, la huelga de limpieza cerebral persiste. Y para que se note, para que apeste hasta el punto de convertirse en noticia en todo el orbe intracraneal, envían a los piquetes sindicales a esparcir la basura y quemar contenedores mientras se ordena a los servicios mínimos barrer –con poco entusiasmo– las placas de ateroma que esclerotizan su músculo cardíaco.

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La mente es el resultado de un conjunto de procesos

¿Qué es la mente? Como ya vimos en entradas anteriores, la mente es una propiedad emergente de la interacción del individuo con el entorno, sistema nervioso mediante. En palabras llanas: la mente es lo que surge en el cerebro de cada uno a partir de su interacción con su vida.

Asumo que aun allanándola, es una definición complicada, y se le pueden dar muchas vueltas, porque el resto de aparatos y sistemas orgánicos también surgen de la interacción con la vida; pero si dejamos los demás aparte y pensamos que esa mente es lo que nos permite comunicarnos con los demás, con otras mentes, podemos entender su trascendencia. La mente es de donde surge la civilización: surge de la necesidad de facilitar la vida y el crecimiento a aquello que amamos –Erich Fromm dixit en su insuperado “El arte de amar”– . Es decir, amar a los demás, empezando por los más próximos, implica entender sus necesidades a través de la comunicación mente-mente mediada por otros sistemas como el aparato fonador y el oído, y la capacidad de desarrollar instrumentos que las satisfagan, algo en lo que los animales están mucho más limitados. Los seres humanos podemos construir edificios cada vez más altos y sofisticados, los animales pueden ofrecer a sus parejas y descendientes un nido de paja o o un laberinto de cuevas subterráneas elaborados sin instrumentos artificiales, pero no una lavadora o un ático con vistas al mar.

Pero podemos ir mucho más allá en la comprensión de lo que es la mente. Recurramos por ejemplo al caso de las matemáticas, uno de los ejemplos paradigmáticos de la superioridad evolutiva de la mente humana con respecto a la animal. Cuando aprendemos a sumar, utilizamos un proceso –basado en otros previos– que consiste en contar los objetos que queremos sumar. A base de repetición –entrenamiento– logramos llevar el proceso por debajo del umbral de la consciencia, lo hacemos subconsciente, lo automatizamos, ya no necesitamos ver animalitos. Por hacer un símil clarificador, en un ordenador hablaríamos de procesos en segundo plano: los que están operando por detrás de lo que se ve en la pantalla del monitor.

Quizá el niño necesite recurrir al proceso de contar con los dedos en el paso intermedio a la automatización del concepto número, pero al final, mediante la práctica y sólo mediante la práctica, mediante el proceso de ensayo-error-ensayo-acierto->salida, dejamos de necesitar imaginarnos leones o conejos y podemos pasar a procesar conceptos abstractos, el 1, el 2, el 3… Una maravillosa capacidad humana.

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Qué es la mente y cómo funciona (II) – Sólo sé que no sé nada

La célebre sentencia de Sócrates no dice en realidad que no sepa nada, sino que, excepto algunas cosas concretas, no se puede saber nada con absoluta certeza. La esencia que podemos extraer de su pensamiento es que deberíamos saber qué tipo de cosas es importante conocer en realidad, dado que ciertamente uno no puede saber todo de todo. Y creo que el funcionamiento de la mente es una de esas cosas acerca de las cuales “Esos hombres creen que saben algo”, aunque en realidad no saben nada. Una de esas cosas cuya realidad conviene conocer. Sobre todo porque hoy en día tenemos mucho más conocimiento de la naturaleza de las cosas, y concretamente sobre el cerebro, que hace dos mil y pico años, lo que reduce significativa y cuantitativamente ese nada; así que no utilicemos sus palabras como pretexto para justificar nuestra ignorancia.

Paradójicamente la frase tiene muchas derivadas y puede llevarnos a conclusiones muy jugosas en esta tarea de ir preparando a algunos hombres para entender cómo funciona la mente humana en realidad. Y una de la derivadas más llamativas que me he encontrado últimamente es una nueva e interesante investigación científica sobre la que disertaremos a continuación, aunque también está estrechamente relacionada con la reciente entrada en la que hablábamos de la meditación.

¿Ya he conseguido llamar su atención? Pues todavía no hemos llegado a las importantísimas conclusiones. Vayamos primero a entender qué significa, en un contexto neurocientífico, el aforismo socrático.

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Qué queremos decir cuando decimos empatía?

Epi y Blas - Más Allá de la FormaciónSupongo que con la lección de Epi y Blas y el resto de entradas de la sección “Empatía” se entiende bastante bien que en realidad nadie, nunca, en modo alguno, siente empatía, sino afectos a través de ella: sentimientos, emociones, pasiones e instintos. De modo que deberíamos borrar la palabra de nuestro diccionario del perfecto guay o, al menos, utilizarla conscientemente, cuando realmente procede, que es casi nunca.

¿Qué es entonces lo que queremos decir cuando utilizamos el concepto empatía, el verbo empatizar y los adjetivos empático e inempático?

La respuesta es sencilla. Cuando otra persona utiliza en una conversación esos términos, lo que nos está diciendo en primer lugar es que pertenece a una suerte de élite humana que entiende el fuzzword y posee esa habilidad. Es algo muy comùn en el mundo de la formación empresarial, el yoga, el coaching, el mindfulness, el zen, las artes marciales, y en general, cualquier partidario del tribalismo oriental. Lamentablemente también la neurociencia últimamente. Cualquiera se opone a la corriente ¡¡si lo dice hasta Punset, que es el tío que más sabe sobre la mente en el mundo!!

En segundo lugar, lo que nos quieren decir, cuando las conversaciones pasan al nivel de disputas, es que el interpelado sufre alguna carencia que le incapacita para poseer la razón. Y consecuentemente, el primero que dispara la perdigonada es el que gana. Además es tan sencillo que cualquier persona puede usarlo, independientemente de su nivel académico o si ha demostrado o no alguna habilidad especial en la vida, no es necesario que apuntar con miras láser ni nada, como con las armas de destrucción masiva de vidas humanas: se sueltan y listo. Victoria casi segura.

Pero hay más. En el tercer lugar hay algo muy importante.

 

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La depresión y la motivación.

Eso llamado “depresión” es un excelente ejemplo para entender cómo funciona la mente humana. Y como ejemplo prototípico de depresión, la que estamos sufriendo hoy millones de españoles e hispanoamericanos, frustrados en nuestras expectativas de lograr que Madrid albergara los JJOO de 2020.

Durante todo este tiempo previo al fatal desenlace para nuestras aspiraciones habíamos estado imaginando el futuro, un futuro mejor. A cada uno de nosotros se nos pasarían miríadas de historias por la cabeza, desde el volver a situar a España en el centro del mundo, llenar nuestras calles y negocios de millones de turistas, de la alegría perdida, la ilusión, nuevas oportunidades de negocio, mantener o hacer crecer la plantilla del negocio, vender más, poder irse de vacaciones, el orgullo patrio y admiración ajena… En fin, cada uno tendrá su historia. Y de eso va la historia, valga la redundancia.

Eso llamado “depresión” no es una enfermedad, sino que es simple y llanamente un estado de ánimo deprimido, aunque la conceptualización de esa realidad vía psicología ha logrado convertir algo tan sencillo como tener el ánimo decaído o estar bajo de ánimos, como se ha dicho toda la vida de Dios, en una patología, término que tampoco es que nadie sepa muy bien qué demonios significa, pero que da la impresión de ser algo grave. Y como la conceptualización nos aleja de la comprensión de la realidad que define el concepto, cuando tenemos el ánimo deprimido no sabemos qué nos pasa, y los psicólogos parece que tampoco.

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Barrio Sésamo: La empatía no se siente, nadie siente ni puede sentir empatía.

No, señores, la empatía no se siente ni se puede sentir, igual que usted no puede sentir su digestión o su vista. Cualquiera de nosotros podemos sentir los ojos, que son el órgano de la vista, o los intestinos, el estómago y el duodeno, que son órganos de la digestión, pero no la digestión misma.

Esto viene a colación de un artículo que no pienso enlazar por tóxico, como la inmensa mayoría de los que hablan del asunto dichoso de la empatía. Digo inmensa mayoría porque hay excepciones, como la que representa la entrevista a Fernando R. Genovés autor del libro “La ilusión de la empatía”, un verdadero oasis en este insoportable desierto de la ignorancia.

Hace tiempo repetía la frase que leí por ahí: “Se venden tantos libros de autoayuda porque ninguno sirve para nada”, y hoy me he encontrado un par de artículos que alertan sobre la psiquiatrización de la sociedad, víctima de la misma pandemia new age, en los que puede comprobarse por medio de impactantes estadísticas que, en España:

 

“La prescripción de antidepresivos se ha incrementado en un 116% entre 1996 y 2001. El gasto farmacéutico en antidepresivos se ha incrementado en el mismo periodo en un 160%. El número de incapacidades laborales transitorias por cada 1.000 habitantes por causa psiquiátrica se ha incrementado en este periodo en un 187,5% y el número de días de incapacidad ha aumentado en un 197%”

 

No es de extrañar con el panorama que vivimos, con una significativa parte de la sociedad adicta al paping y otras monsergas similares que se aprovechan de la infelicidad causada únicamente por la desorientación en la mayor parte de los casos, desorientación a la que contribuyen decisivamente con esa manía de hacer de sacerdote new age de todo punsetillo que se precie.

El caso de la empatía, de la que tanto hemos hablado (haga clic en “Empatía” en la columna de la derecha, en ‘Secciones’), es un desorientador similar más, que algunos que poseen los mismos escrúpulos que idea de lo que hablan, se dedican a divulgar para cobrarles después a ustedes por sus guays e infalibles servicios restablecedores de la sana empatía, como es lógico y normal.

Veamos, explicado por Blas a Epi, cómo el asunto de la empatía ha conseguido también seguramente contaminar su mente.

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