Las posibilidades reales de la Inteligencia Artificial

El robot pensador de Rodin

el robot pensador

Pensado ya desde todas las perspectivas posibles a mi alcance, y concluyendo coherentemente la imposibilidad de lograr desarrollar sistemas sintéticos dotados de Inteligencia Artificial similares a los humanos tal como prometen ciertos personajes, empresas, y medios de comunicación (hasta DARPA afirma que no existe ningún sistema inteligente), sería propio de un simple crítico no postular, hasta donde aconseja la prudencia, mis ideas de cómo lograr el único tipo de artefacto sintético relativamente pensante que concibo posible.

No vamos a tratar aquí de esa parte de la AI enfocada al reconocimiento o generación de imágenes, sonidos, etc., que es a lo que suelen referirse implícitamente –sin manifestarlo explícitamente, para mantener así creciendo la burbuja, sino de emulación de la interacción de igual a igual entre humanos, que es el máximo rendimiento posible en el reino animal. Las imágenes mentales que tenemos hoy en día son lo que conocemos genéricamente como robot (artefacto autómata programable) o bot (software), que es de lo que vamos a tratar, y que puede dar lugar a diferentes tipos, como ChatBots, CoachBots, SparringBots, etc., en función de las aplicaciones concretas en que se usen, aunque posteriormente sea posible unificarlos.

Nos vamos a referir exactamente al significado real de Inteligencia Artificial: sistema sintético capaz de manejar y pensar información con criterios de eficiencia adaptativa.

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¿Es posible una Inteligencia Artificial igual a la humana?

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Pasando por alto que el concepto inteligencia está mal comprendido y por lo tanto mal utilizado (me recuerda con sorna un amigo tuitero que inteligencia es lo que miden los test de inteligencia), podemos hacer un ejercicio de imaginación para darnos cuenta de que el empeño de producir mentes humanas totalmente sintéticas es un imposible, y que la única posibilidad de lograr replicar la mente humana es mediante la concepción y crecimiento a través de procesos caóticos desde lo simple –dos células con su ADN, donde cabe más información que en un camión lleno de ordenadores– a lo complejo, de un nuevo ser humano de carne y hueso.

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The NeuroScammers – Los NeuroEstafadores

Como dice la canción infantil, al olor de la sardina, el gato ha resucitado. Y al calor de este momento de la historia, de las montañas de dinero que se están invirtiendo en el fenómeno neuro-lo-que-sea, un ejército de personajes de dudosa moral y escaso éxito profesional –en realidad los mismos de siempre– se afana en seducir inversores para venderles sus delirantes ungüentos mágicos, montados en sus estrafalarios carromatos de neurocharlatanes. Nada nuevo bajo el sol.

 

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Elon Musk ha comprado la fábrica

 

Los mismos que son incapaces de comprender la mente, los mismos que no se sonrojarán diagnosticando a su hijo de usted con un TDAH para venderle a continuación un DVD rotulado a bolígrafo con sonidos de sincronización interhemisférica (o lo que sea) a 40 euros la pieza, o una pastilla para tener sedada a la criatura todo el día, ahora prometen a incautos inversores un sistema revolucionario para desarrollar hasta un límite inimaginable las potencialidades de la mente humana. Para convertirle a usted en superman, a su esposa en superwoman, a su jefe en superlíder y a sus hijos en superkids. El último incauto en morder el anzuelo ha sido el famoso Elon Musk, de sobra conocido por sus coches Tesla, sus baterías domésticas, sus techos solares, su HiperLoop y su SpaceX.

Estos neuroembaucadores, como digo absolutamente ignorantes de cómo funciona el cerebro y cómo surge la mente, debieran al menos saber dos o tres cosas acerca de un asunto tan trascendente como el desarrollo de las habilidades mentales, porque el debate aquí no es tan relativamente inocuo como tecnificar aulas del colegio, desarrollar plataformas digitales para mejorar eso que llamamos erróneamente educación, o darle la profunda y rigurosa pensada que necesitan el coaching y demás inventos new age, sino enredar en los sesos de personas. Enredar en los sesos de personas a las que se estaría engañando miserablemente y, además, poniendo en serio peligro su salud física y mental. Pero sin mensajes dramáticos de advertencia como en el caso del tabaco.

¿Y qué es lo que deberían saber estos timadores neurotech?:

 

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¿Nos convertirá en clones la Inteligencia Artificial? (2)

Después de haber repasado en la entrada anterior algunas razones por las que la ciencia afirma que la respuesta a la pregunta que plantea el título es negativa, y que podemos resumir con la frase del casi siempre genial Antonio Escohotado: los sistemas complejos tienen vida propia, vamos a seguir explicándonos desde otros puntos de vista el porqué la Inteligencia Artificial no puede convertirnos en clones.

 

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¿Nos convertirá en clones la Inteligencia Artificial? (1)

Resultado de imagen de herUna de las dudas más recurrentes que surgen a partir de la irrupción de esta nueva ola de Inteligencia Artificial (AI) es si, entrenados por los sistemas inteligentes (bots, chatbots, coachbots, opponentbots…), los humanos terminaremos siendo iguales, todos, clones unos de otros.

Imaginemos qué pasa por la cabeza de las personas que albergan esta duda.

Ellos ven una humanidad perfeccionada al límite por medio de la interacción con las máquinas, que para entonces serán –gracias a nosotros, los humanos– excelentes entrenadores, asesores, mejores amigos, incluso parejas (Her); una humanidad en la que nadie tendrá defectos, en la que nadie cometerá errores, en la que, en suma, llegaríamos a ser dioses.

Entonces, si llegáramos a alcanzar la perfección absoluta, superada la tiranía de las (m)emociones-automatismos,  es lógico pensar que todos tendríamos unos pensamientos perfectamente puros alineados con el bien absoluto, unas intenciones perfectamente puras y buenas, y desarrollaríamos unas conductas impecablemente coherentes con ese núcleo cognitivo perfecto. Parece bonito, ¿verdad?. Sin embargo, eso es precisamente lo que nos convertiría en clones.

       (Si tienes nociones sólidas sobre física y Teoría del Caos, no necesitas seguir leyendo, ya conoces la respuesta a la pregunta del título)

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Deus ex Machine Learning

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La noticia más importante en los últimos tiempos acerca de la Inteligencia Artificial no son los miles de millones que se están invirtiendo ni que, desesperados, Google, Amazon, Apple, Microsoft, Facebook y el resto de los grandes se hayan unido en la esperanza de lograr entre todos lo que no están logrando en solitario (al estilo de la infructuosa unión Human Brain Project + BRAIN). Para mí, y sin ninguna duda, la gran noticia es el enfrentamiento que ha propiciado Google entre dos de sus sistemas inteligentes. Bueno, eso que erróneamente denominan inteligentes. (Acceso a la noticia aquí)

Lo que más me ha llamado la atención como modesto player aún oculto en el disruptivo sector del Symbiotic HI/AI Training es, por supuesto, la proximidad a nuestros planteamientos, lo que lógicamente resulta reconfortante viniendo de quien viene, aunque también dispara lógicos temores a que los grandes se nos adelanten, o más bien nos arrasen (aunque tras pensarlo unos momentos, consigo descartar los miedos en gran medida).

Concreta y curiosamente, el asunto es que parece que los gigantes tecnológicos están siendo abocados, obligados por las circunstancias, a internarse en el ámbito de la religión. O eso, o no avanzarán. Sí, como lo ven. Ya habíamos advertido hace años que la solución al insoportable estancamiento cognitivo de la especie humana sobre el que alertaba Einstein vendría paradójicamente de la tecnología, lo aparentemente más alejado de la romántica imagen que erróneamente aún albergamos de lo religioso.

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Las neuroprótesis a debate (I)

Implantes cerebrales para conseguir superpoderes

Estos días me ha llamado la atención uno de los campos más prometedores en la I+D mundial: los brain implantable devices o neuroprótesis.

Lo primero de lo que me he dado cuenta es que este campo del neurohacking es un cajón de sastre en el que cabe todo, y por lo tanto, para entenderlo, conviene hacer una categorización mínima basada, como siempre, en similitudes y diferencias:

CATEGORÍA 1- Los implantes desarrollados con la misión de luchar contra enfermedades como el Parkinson, o discapacidades visuales, auditivas, motoras e incluso táctiles. Ya existen y proporcionan buenos resultados. No es sobre este ámbito sobre el que quiero reflexionar.

CATEGORÍA 2- Algo mucho más complejo, tan complejo como pretender la actuación sobre conceptos abstractos, ideas, e incluso la moral. Vamos, como que uno podrá ser un genio sin ningún esfuerzo, enchufándose el cachivache diez minutos al día como con las lógicamente extintas máquinas de gimnasia pasiva te ponían presuntamente en forma sin un instante de esfuerzo o una gota de sudor, o incluso se podrían elegir ideas y personalidad a la carta: ahora quiero ser un triunfador, ahora uno de esos inexistentes imperturbables maestros zen, el más chistoso en los descansos del trabajo, por la noche un pornstar, y los domingos un Rafa Nadal en la pista de pádel. En resumen: se trataría de aparatos electrónicos que se implantarían en el cerebro para (hipotéticamente) lograr ampliar la inteligencia humana (HI) con el objetivo de lograr la superinteligencia.

Sin embargo, existen varias objeciones que ponen en serios aprietos los esfuerzos financieros y humanos de los paladines de esta segunda tendencia. Y son, pienso, de varios órdenes: conceptuales, neurológicas, técnicas, y éticas. (Esto no es un artículo científico, por lo que no pretendo ser exhaustivo)

 

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