Mindfulness, yoga, meditación Vs. Sentido Común

Hace ya varios meses, charlando con un buen amigo, exitoso coach deportivo, surgió el asunto del yoga y estas cosas orientales en las que estuve muy involucrado hace casi veinte años. Se quedó sorprendido cuando le expliqué que practicar yoga como estrategia de eliminación del estrés carecía de lógica.

La cosa es fácil de entender para cualquiera, incluso personas que no están informadas: cuando uno tiene una vida estresante y decide apuntarse a yoga o mindfulness con el objeto de relajarse o cualquiera de esas tan maravillosos como falsos beneficios, no piensa que cuando salga de la clase, muy relajado, aborrecerá aún más el mundo y sus ineludibles trajines, lo que inevitablemente le llevará a estresarse aún más en su vida cotidiana, a aborrecerla con toda su alma. Y de ahí a caer en un grupo harekrishnoide hay un paso.

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Bioneuroemoción y Alzheimer

zenman - Más Allá de la FormaciónEl alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por una pérdida progresiva de memoria, asociada a atrofia y muerte neuronal, y donde observamos dos huellas características en los cerebros de los pacientes; las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares. Hasta el momento no se conoce la causa exacta de esta enfermedad neurodegenerativa y tampoco se ha podido encontrar un tratamiento que prevenga o cure el mal de Alzheimer.

O por lo menos eso es lo que pensábamos hasta ahora.

La bioneuroemoción o biodescodificación nos da otra explicación que ni tan siquiera imaginábamos antes de que esta nueva medicina alternativa hubiera emergido. La nueva medicina germánica, como la llaman, ofrece una serie de explicaciones sobre las diferentes causas de las enfermedades humanas. Y el alzhéimer no es una excepción. Resulta que la causa de este trastorno neurodegenerativo no son los depósitos de amiloide, ni los ovillos neurofibrilares, ni la muerte de las neuronas. Atención. El alzhéimer es debido al «deseo de abandonar el planeta» y a la «incapacidad de enfrentar la vida tal como es». Pues eso.

Nos ilustra una tal Mónica Barbagallo en la página web Ciudad virtual de la gran hermandad blanca. Es cierto, el nombre de la web acojona. En una tabla podemos discernir entre las diferentes enfermedades y la causa emocional que las origina. Podemos descubrir el origen de grandes pandemias del siglo XXI, tales como la acidez (debido al «miedo, miedo paralizante», que una vez miedo vale, pero dos asusta), codos (como teórica patología debida a la «incapacidad en la vida de abrirse paso y luchar», lo que a priori parece de lo más obvio, para qué sino sirven los codos), eructos (causa: «agresión contra el exterior, afán por tragarse la vida con demasiada rapidez»), o polio (cuya causa parece deberse a los «celos paralizantes» y al «deseo de retener a alguien», por supuesto sin referencia alguna al virus con el mismo nombre), entre un largo listado de enfermedades reales y de otras presuntamente verdaderas o decididamente fantásticas. La lista es insuperable, no solo en su extensión, sino en su capacidad de sorprender al lector.

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Si crees que puedes…

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La depresión y la motivación

El pensamiento subconsciente

Leo un interesante artículo de Miguel A. Vadillo sobre el “pensamiento inconsciente”. Trata sobre una especie de presunta creencia popular que afirma que las decisiones médicas “inconscientes” parecen ser más eficientes que las tomadas tras una pormenorizada y consciente ponderación de las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (DAFO) implicadas.

 

¿Demasiado bonito para ser cierto? Posiblemente sí. Muchos de los experimentos que han intentado replicar este efecto han fracasado estrepitosamente. Y se han publicado al menos dos  meta-análisis que sugieren que en los contados casos en los que se ha encontrado este fenómeno, podría no ser más que un falso positivo. A pesar de estas críticas, el entusiasmo por el pensamiento inconsciente no ha perdido un ápice de intensidad en los últimos años.

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El accidente de Fernando Alonso con el McLaren

Fernando Alonso - Más Allá de la Formación¿Qué le pasa a Fernando Alonso? ¿El accidente en Montmeló le ha provocado alguna lesión que vaya a perjudicar su rendimiento futuro? ¿Tenemos que preocuparnos?

A todos nos habrá alarmado saber que ha estado en observación un día más de los dos inicialmente previstos, pero hay que tener en cuenta que Magic no es un ciudadano cualquiera, porque de su rendimiento deportivo dependen presupuestos que dan de comer a miles de personas directamente y a cientos de miles indirectamente, de modo que la prolongación del período de observación en el hospital no es alarmante.

Lo más probable es que se haya optado por la prudencia por la importancia de la estructura corporal implicada en el accidente, pero también lo más probable es que no tenga absolutamente nada. Voy a intentar explicar qué es lo que puede estar pasando.

 

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Por qué decimos educación cuando queremos decir moral (I)

imageIgual que a base de poner la cacatúa goebbelesiana a funcionar el concepto de amar ha terminado pervertido –urbi et orbi– en primaria emoción, o más allá, en el eufemismo favorito de los que gustan de hablar pseudoalegremente –en realidad con lenguaje similar a una monja– de sus intimidades en público, el concepto educar ha acabado convertido en una perfecta muestra de entropía verbal. Porque ¿alguien sabe qué significa “educar”? ¿Y puede hacer que lo entienda su abuela en un sólo tweet?. Seguramente será ella quien tenga que explicárselo.

Como cualquier otro término de alta entropía, el concepto educar es masa informe, indiferenciado, relleno de ideas pintorescas, trufado de opiniones particulares con ínfulas orteguianas, marinado de visceralidades, sazonado de egos más vacíos que el estómago de Carpanta junto con ansias de poder sobre los demás típicas de personajes inadaptados a la realidad que como reacción a su experiencia de náufragos perdidos sin rumbo ni puertos-objetivos sólidos anhelan, en lugar de amar al prójimo como a uno mismo en el sentido correcto, someter a los demás a la irrealizable fantasía endorfínica en la que consuelan su frustración en los escasos momentos en que el desasosiego afloja su tenaza, escudados –argumentum ad verecundiam o falacia de autoridad– en ideologías que utilizan para diseminar sus pandémicos virus en los más vulnerables: los niños y los mentecatos (mentes presas).

Además de los conceptos amar, democracia, libertad… pocos otros como el de educar han sido más manipulados ideológicamente con las peores intenciones, precisamente debido a esa inconcreción, esa ausencia de acuerdo sobre su significado real, original, etimológico. Y si no hay consenso con respecto a su significado, podemos suponer el que puede existir acerca de lo que implica, de sus mecanismos, sus procedimientos óptimos y objetivos, en una sociedad desarrollada –excepto en lo cognitivo– que confunde un diccionario de uso como el DRAE con el María Moliner o el Corominas. Otro tanto ocurre con los conceptos ética y moral, sin embargo la etimología de éste último es mucho más concreta, más asequible al entendimiento más llano.

Derivado de parábola, el término palabra es un puente inmaterial que une una realidad con el conjunto de signos o fonemas que la designan. Igual que existe un puente visual entre un objeto y el cerebro que lo nombra, como entre el objeto mesa y la palabra mesa, existen puentes entre realidades algo más complejas, que no son objetos sino un procesos, como el citado amar, que requieren más de una línea de palabras para ser definidos porque su definición incluye, en red o en racimo, otros componentes menos evidentes pero relevantes. Curiosamente y sin embargo, otros conceptos aparentan gran complejidad pero no la tienen. Es el caso de la palabra moral.

 

 

 

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Dios y la neurociencia

Dios - Más Allá de la FormaciónDesde el homo sapiens, hace unos ciento y pico mil años, los seres humanos se han sentido (a falta de conocimiento, buenos son sentimientos) abrumados por lo ignoto, empequeñecidos por las misteriosas y caprichosas fuerzas superiores, primero las de la naturaleza porque el seso no les daba para imaginar más, posteriormente antropomorfizadas (considerar a un elefante un dios, como es el caso de Ganesha, parece más bien de críos) en deidades menores normalmente bajo un dios superior, que finalmente acapara todas las fuerzas –omnipotencia– en las grandes religiones monoteístas: hinduismo, judaísmo, cristianismo, mahometanismo (atención a los términos musulmán e islam, con los que se busca hacer creer que se trata de una religión diferente y no una versión –ponga usted aquí el atributo que desee– de una previa). Confieso que no me gusta incluir a todas en la categoría “religión”, prefiero dividirlas en religión y pseudorreligiones atendiendo al significado etimológico de la palabra, pero este no es el debate de hoy, por lo que sólo lo advierto, aunque más adelante se verá (del verbo Ver) nítidamente.

Esa pequeñez humana con respecto a las fuerzas de la naturaleza ha generado una curiosidad inagotable por comprenderlas y ganarse sus favores, hasta el punto de hoy en día, cuando en plena revolución científico-tecnológica que se supone obligatoriamente aconfesional se denomina a los esquivos bosones de Higgs como “La partícula de Dios”. Bosones trascendentales para entender la realidad debido a su potencial encaje en el entramado de la realidad física como los que aportan la masa (estamos hablando de duales ondas-partículas, ojo, como alma-cuerpo) a los objetos y sin la cual la fuerza de la gravedad no existiría, igual que de ser así ocurriría con nosotros. De hecho el universo que existiría sería una masa informe, indiferenciada, homogénea, pura entropía, gurruño sin sentido como una agrupación infinita y caprichosa de ceros y unos uno a continuación del otro. Si esto le evoca a uno lo que algunos ilustres y respetados científicos creyentes en el azar como elefante de compañía llamaron “ADN basura” porque no sabían qué era y qué función tenía hasta que descubrieron el concepto epigenética… ¡Bingo!. Como para otorgarles –fe de meapilas cientifista mediante– el patrimonio exclusivo de determinar absolutamente qué es verdad y qué es mentira.

Nota: para que no les quepan dudas de mis intenciones, de qué es serio y qué es chanza, voy a advertir de mis ironías con las etiquetas (ironía On) e (ironía Off), abreviadas en (on) y (off) por recomendación de algunos de ustedes, que dudan de que todo el mundo comprenda (on) mi agudo sentido del humor (off).

 

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¿Qué es la consciencia? (II)

el yo observador - Más Allá de la Formación

Aclarado el significado de los términos, decíamos en la entrada anterior que conciencia y consciencia significan indistintamente conocimiento compartido, y al final advertíamos que seguramente alguien estaría con la mosca detrás de la oreja preguntándose coherentemente con quién o con qué se compartía. Toca explicarse.

Lo obvio es pensar que el conocimiento se comparte con los demás, y con toda la razón. La historia humana es la historia de la evolución basada en el conocimiento compartido, transmitido en épocas primitivas por medio de sonidos parecidos a los de los animales. Se cree que el primer código era la sílaba “duh”, lo que implica que las variaciones no verbales sobre ella constituían mensajes diferentes, tipo “te quiero”, “te voy a matar” o “sálvese quien pueda”. De aquí al protoindoeuropeo, continuando con el maremágnum llamado indoeuropeo y así hasta más o menos los idiomas que conocemos hoy en día. Salvo el vasco de mi tierra, claro, que como todo el mundo sabe lo inventó el mismísimo Dios, que era del mismo Bilbao.

Desde los orígenes del ser humano, los grandes hitos en la evolución han tenido como desencadenante el conocimiento compartido a través del ejemplo, y a través del lenguaje cuando no se tenía acceso al personaje ejemplar o simplemente se trataba de explicárselo: desde la aparición del lenguaje oral complejo, pasando por el lenguaje gráfico que permitía la transmisión algo más masiva incluso cuando el divulgador había muerto o estaba distante, la escritura, la confesión, la imprenta, el telégrafo, la radio, la TV, hasta el Internet de hoy.

¿La confesión? ¿El tipo éste ha dicho la confesión?

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